¿Es lo mismo planificar un entrenamiento funcional para niños que para adultos?

¿Es lo mismo planificar un entrenamiento funcional para niños que para adultos?

¿Es lo mismo planificar un entrenamiento funcional para niños que para adultos?

Por si estabas vacilando sobre la posible respuesta y ya te sobrevolaba y sopesabas la archiconocida expresión: “la excepción confirma la regla”…

La respuesta es un contundente No, así, con mayúscula, para que no te quede ni la más mínima sombra de duda.

Cualquier actividad, cualquiera, tiene una planificación diferente si va destinada a adultos o si va destinada a niños. Estamos de acuerdo, sí, ya sé que lo sabías pero ahora lo tienes aún más claro.

Partiendo de la irrefutable verdad anterior, vamos a poner rumbo a nuestro terreno: el entrenamiento deportivo. Y vamos a concretar aún más la materia a tratar: el entrenamiento funcional.

¿A que ahora el No inicial te aparece lleno de contenido? Vamos a desarrollarlo.

Los niños y niñas se encuentran en etapa de crecimiento constante, lo que significa que están en un proceso del que podemos sospechar el final, intuirlo o, incluso, predecirlo en función de la experiencia de la que dispongamos, pero todo buen profesional sabe que eso es solo conjetural, que no se puede prever el desenlace de un proceso de crecimiento hasta que, felizmente, termina y el protagonista se adentra en una etapa de estabilización.

Lo que sí se puede hacer es acompañarlo, y esa es la baza del entrenamiento funcional infantil y de la actividad deportiva en la infancia y adolescencia: convertir el entrenamiento funcional en un aliado para un desarrollo físico más completo y sano que, a su vez, contribuya al desarrollo completo de las criaturas.

Casi, casi, podríamos estar hablando de un comodín.

Como recordarás, esta metodología de entrenamiento deportivo llamada entrenamiento funcional, lleva años haciendo furor entre famosos, entre deportistas y también entre deportistas famosos. ¿Y cuál es la causa? Pues, como la humildad es la virtud de los sabios, reconoceremos que no las sabemos todas pero sí una de las más destacadas: el entrenamiento funcional es un entrenamiento personalizado que se desarrolla en función de un objetivo y que cuenta para conseguirlo con el material que cada uno de nosotros trae de serie, es decir, con nuestro cuerpo y nuestra mente.

Justo esas dos cosas que los niños y niñas ponen en todo lo que hacen, y sin planteárselo, y más aún, en cualquier actividad física que realicen voluntariamente. ¿Has visto alguna vez a algún entrenador explicando a un a criatura, pongamos de unos ocho años, que ha de concentrarse y correr detrás de un balón…en pleno partido, por ejemplo?

No, sencillamente no, su respuesta es absolutamente espontánea, cuerpo y mente perfectamente sincronizados. No tienes que explicar el paso en carrera, ni la coordinación de brazos y piernas, ellos saben cómo moverse, como dar la zancada y, por supuesto, cómo respirar.

Y, sin embargo, cada uno lo hace a su manera. Ahí es donde entra el entrenamiento funcional infantil.

Hemos hablado de crecimiento físico, de desarrollo de la psicomotricidad, de desarrollo mental; todos ellos factores clave en el entrenamiento funcional infantil al que hay que añadir el talento para saber ver qué tipo de actividad le conviene a cada niño, cuáles son sus capacidades innatas, cuales sería conveniente que aprendiera y cómo hacerlo y, sobre todo, cuales empastan mejor con sus características personales y con la etapa de desarrollo en la que se encuentra.

Realmente, el entrenamiento funcional para niños, requiere una planificación diferente ¿verdad?

La Organización Mundial de la Salud, OMS, aconseja, durante la infancia y adolescencia, la realización de actividades físicas de intensidad moderada variable que permitan el desarrollo físico y mental y que proporcionen un equilibrio entre ambos.

Porque la actividad física durante la infancia proporciona un canal de desarrollo para el aparato motor que se encuentra, durante esos años, en constante crecimiento; favorece el desarrollo de un sistema cardiovascular sano; ofrece herramientas para mejorar la psicomotricidad y el aprendizaje de gestión del sistema neurológico. Es decir, que constituye una herramienta de valor incuestionable aplicable en las diferentes fases de desarrollo físico y mental desde la infancia hasta la primera juventud.

Planificar la práctica del entrenamiento funcional en la infancia significa, sin duda, poner sobre la mesa estas recomendaciones avaladas por la Organización Mundial de la Salud, es cierto, pero sabe a poco.

Sabe a poco porque es un ingrediente más, porque falta la base de la receta, porque falta lo importante, la práctica. La que aportan los profesionales con formación deportiva que poniendo en esa misma mesa su experiencia, los años dedicados a la planificación de entrenamientos funcionales para diferentes individuos, con diferentes edades, capacidades y necesidades.

Una buena práctica deportiva durante el desarrollo de las diferentes etapas del crecimiento tiene resultados físicos y mentales excelentes que se recolectarán a lo largo de la vida adulta, ya sea en forma habito, en forma de carrera profesional o ya sea como referente de una vida más saludable y un bienestar emocional que beneficia la salud física y psicológica de forma constante.

Reforzar esa práctica aplicando un diseño personalizado de entrenamiento funcional es consolidar uno de los recursos más valiosos que podemos ofrecer a nuestros niños y niñas.

¿Y a partir de ahí? Pues, a partir de ahí, quien tuvo, retuvo. No se puede ser más claro.

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