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¿SON LOS LÁCTEOS PERJUDICIALES PARA LA SALUD?

La leche, el yogurt, la nata y el queso son alimentos que forman parte de la dieta habitual de muchas personas. Es más, en muchos países, las cantidades consumidas de estos productos se expresan por cientos de kilos.

Podemos observar que los habitantes de algunos países europeos consumen alrededor de 300 kilos de lácteos de forma anual, y en muchos países americanos la ingesta es aproximadamente de 200 kilos.

En base a lo anterior, no nos extraña que haya multinacionales encargadas de la producción de lácteos que cada año obtengan beneficios en cantidades millonarias. Además, estas multinacionales gastan mucho dinero al año en anuncios de televisión, marketing y otros medios propagandísticos para promocionar sus productos y así incrementar su consumo.

¿Son estos productos tan beneficiosos para la salud como afirman sus productoras?

Los lácteos son productos esenciales desde el punto de vista de la salud, para los recién nacidos y para los niños en sus primeras etapas de la vida, no para los adultos. De hecho, la leche materna ayuda a los recién nacidos a obtener todos los nutrientes necesarios para su adecuado y normal crecimiento. Por eso, podría decirse que los niños recién nacidos necesitan este producto para tener una buena salud.

La leche materna es el alimento que mejor puede tolerar, digerir y asimilar un niño. Esto es debido que el sistema digestivo del infante no está acabado de desarrollar y la leche materna facilita y ayuda al proceso de desarrollo de este sistema vital para el recién nacido.

A la inmensa mayoría de niños recién nacidos no les puede sentar mal la leche porque tienen una cantidad muy elevada de lactasa, la enzima encargada de digerir correctamente la lactosa, el hidrato de carbono de la leche.

¿Qué ocurre con esta enzima a medida que el niño va creciendo y se va trasformando en un adulto?

La lactasa se va perdiendo a medida que se crece, por ello nuestro sistema digestivo es incapaz de descomponer correctamente las moléculas de lactosa ingeridas por la leche, lo que dificulta su digestión y provoca problemas digestivos. Nos vamos haciendo intolerantes a la lactosa a medida que vamos creciendo, aunque cada persona a un ritmo determinado.

Sin embargo, hay complicaciones más graves que pueden aparecer derivadas la intolerancia a la lactosa. Las personas intolerantes que siguen consumiendo lácteos se exponen al desarrollo de enfermedades causadas por una inflamación crónica de algunos sistemas de nuestro organismo, las llamadas enfermedades autoinmunes como: la artritis, colon irritable, el asma reumática, incluso la aparición de algunos tipos de cáncer.

¿Qué muestran las investigaciones?

Los resultados de algunos estudios han mostrado que una alta ingesta de leche en mujeres y hombres no se acompaña con un menor riesgo de fractura y que, por contra, puede estar asociada con una mayor tasa de muerte.

Por ejemplo, el equipo de Michaëlsson Suecia (tercer país con más ingesta de lácteos del mundo) ha examinado si el alto consumo de leche puede aumentar el estrés oxidativo, que, a su vez, afecta el riesgo de mortalidad y de fractura ósea. Así analizaron los datos de dos grandes grupos; uno formado por 61.433 mujeres (de 39 a 74 años de edad) y el otro de 45.339 hombres (de 45 a 79 años de edad). Todo ellos completaron cuestionarios sobre la frecuencia con la que consumían determinados alimentos habituales, como la leche, el yogur o el queso.

En total siguieron a las mujeres durante un promedio de 20 años; en ese periodo fallecieron 15.541 mujeres y 17.252 tuvieron una fractura. Los investigadores vieron que en el caso de las mujeres un mayor consumo de leche no parecía asociarse con una reducción en el riesgo de fractura. Es más, las mujeres que bebían más de tres vasos de leche al día tenían un mayor riesgo de muerte que las mujeres que bebían menos de un vaso de leche al día.

En cuanto a los varones, éstos fueron seguidos durante un promedio de 11 años; durante dicho periodo murieron 10.112 y 5.066 tuvieron una fractura. En esta ocasión también se apreció un mayor riesgo de muerte asociado con un mayor consumo de leche, aunque era menos pronunciado que en las mujeres.

También no estaría de más apuntar algún dato de interés sobre los productos lácteos enriquecidos con otros nutrientes, por ejemplo la leche enriquecida con ácidos grasos omega-3. A este tipo de nutriente (los omega-3) en particular se le atribuyen efectos muy beneficiosos sobre el sistema cardiovascular, ayudando a la reducción de enfermedades coronarias. Esto es una gran verdad, pero ¿cuánta cantidad de leche enriquecida con omega-3 hay que tomar para obtener una cantidad beneficiosa de este ácido graso esencial? Unos 8 litros diarios. Impensable ¿verdad? Este tipo de publicidad, está enfocada al consumo y venta de lácteos, no de omega 3.

Aun así, hay que hacer alguna mención de algún dato positivo a favor de algunos productos lácteos. Algunas investigaciones han mostrado que un alto consumo de productos de leche fermentada (incluyendo el yogur y el queso), con un contenido de lactosa baja se asoció con menores tasas de mortalidad y de fractura, además de ayudar a tener una mejor salud intestinal debido al efecto probiótico de estos alimentos.

En definitiva, cada persona tendrá que decidir si va a consumir lácteos o no. Lo más acertado, antes de consumir lácteos, sería consultar con un profesional que nos pudiera asesorar de forma correcta, ya que el consumo de determinados productos lácteos y en ocasiones específicas, también puede ser beneficioso para la salud.

Aun así, no estaría de más tener los siguientes factores en cuenta a la hora de decidir consumir o no:

• Si me sientan mal o no, hacen que tenga digestiones muy pesadas y malestar gastrointestinal o por el contrario, me sientan bien. Si dificultan una buena digestión, consultar con un médico o profesional de la nutrición, ya que es posible que haya una intolerancia a la lactosa o a la proteína láctea.
• Qué tipo de productos lácteos voy a consumir  y en qué cantidad, ya que no todos tienen los mismos efectos. Los más seguros y aconsejables son aquellos que son libres de lactosa o un contenido muy reducido de este nutriente y en cantidades moderadas, para evitar efectos negativos tras su consumo.

Los lácteos pueden ser sustituidos sin problema por otros alimentos que no causan problemas de salud en la edad adulta y que nos proporcionen los nutrientes que necesitamos, como algunas leches vegetales.

En definitiva, los lácteos no son esenciales en la alimentación de los adultos, se puede prescindir de ellos, en muchos casos, que se dejen de tomar es beneficioso para la salud. Por así decirlo, su uso debe tener “una fecha de caducidad”, ya que tienen un propósito determinado en la vida de un ser humano, propósito que se cumple durante la infancia y no durante la adultez.

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