Métodos para la estimulación de la fuerza y el desarrollo muscular

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Métodos para la estimulación de la fuerza y el desarrollo muscular

De todos los métodos que emplean los atletas, para estimular el desarrollo muscular, el más eficaz es, con diferencia, la manipulación hormonal. Conscientes de que los resultados del incremento del consumo de nutrientes (Macro y micronutrientes) tienen un límite, numerosos atletas van al fondo de la cuestión y aceleran el ritmo al que el organismo los utiliza. Antes de examinar los diversos fármacos que utilizan para modificar su bioquímica, se impone una breve explicación de los principales básicos del sistema endocrino.

El cuerpo humano consta de dos importantes redes de control: los sistemas endocrino y nervioso. Aunque ambos cumplen funciones decisivas, es el endocrino con el que más experimentan los atletas.

¿Quienes son las causantes del desarrollo muscular?

Las hormonas son los mensajeros principales del sistema endocrino y se dividen en peptídicas y esteroideas. Las primeras se forman a partir de combinaciones de aminoácidos. Las esteroideas se generan a partir del colesterol en las gónadas y en la corteza cerebral. Las hormonas son liberadas por las glándulas en el líquido extracelular circundante y viajan por la corriente sanguínea a los órganos pertinentes.

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Se cree que las hormonas no activan las reacciones químicas, pero influyen en la intensidad de reacciones que ya se están produciendo. Lo logran mediante diversos mecanismos: primero, estimulan la síntesis de enzimas (sustancias que controlan la velocidad a la que se llevan a cabo las reacciones químicas); segundo, aumentan o disminuyen la cantidad de reactivos disponibles para una reacción, y tercero, aceleran el paso de las sustancias por la membrana celular (permeabilidad).

La mayoría de las glándulas del sistema endocrino están gobernadas por diversas porciones cerebrales, la más importante de las cuales es el hipotálamo. Esa pequeña estructura, situada en la parte anterior del cerebro (el principal centro de control del organismo), regula sensaciones como el hambre, la sed, la rabia, el deseo sexual y el miedo. Estrechamente relacionada con él está la glándula pituitaria, que se divide en dos secciones (anterior y posterior), cada una con funciones diferentes.

La pituitaria posterior libera las hormonas peptídicas (de origen proteínico) que se producen en el hipotálamo. Se incluyen en esta categoría la vasopresina (que preserva el agua corporal) y la oxitocina (que inicia el parto).

El lóbulo anterior controla la gónada (los testículos y los ovarios). Para que esas dos estructuras funcionen como es debido, deben estimularse regularmente por hormonas de la pituitaria anterior. Se trata de la hormona luteinizante (LH) y de la hormona estimuladora del folículo (FSH), que “ordenan” a los testículos o a los ovarios que produzcan testosterona o estrógenos.

En el proceso evolutivo, el cuerpo humano ha desarrollado un mecanismo de control y regulación constante de los niveles hormonales mediante el aumento y la disminución de la producción de las diversas hormonas. En los hombres, la producción de esperma está controlada por la interrelación entre la testosterona que generan los testículos y la LH de la pituitaria anterior. Cuando baja el nivel de testosterona, la pituitaria anterior detecta el cambio y empieza a secretar más LH. Este aumento de la LH ordena a los testículos que aumenten el nivel de testosterona, que, a su vez, incrementa la producción de esperma. Cuando la testosterona alcanza cierto nivel, se interrumpe la liberación de LH. Si desciende, volverá a activarse la LH y se repetirá el ciclo. Esto facilita el desarrollo muscular.

Testosterona

De todas las hormonas que circulan por el cuerpo humano, las sexuales son las que desempeñan un papel más activo. Ellas establecen las diferencias físicas entre hombres y mujeres. La principal hormona “masculina” es la testosterona, que producen los testículos y el entrecomillado obedece a que el organismo de las mujeres también secreta testosterona. De igual modo, pese a considerarse comúnmente hormonas “femeninas”, los hombres tienen estrógenos, derivados de la degradación de la testosterona. Es la concentración de esas hormonas la que da origen a los términos “masculino “y “femenino”.

En los hombres, la testosterona cumple dos funciones fundamentales: la producción de esperma y el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios. En el esperma se encuentran las células reproductoras masculinas, que contienen la mitad de los cromosomas de un ser humano. El desarrollo muscular se vería favorecido por medio de la testosterona.

En cuanto a la segunda función, la testosterona desarrolla los caracteres sexuales secundarios mediante dos tipos de acciones: anabólicas y andrógenas. El término “anabólico” hace referencia al anabolismo, una de las dos divisiones del metabolismo.

El metabolismo es, en pocas palabras, la suma de todas las reacciones químicas que tienen lugar en el cuerpo humano. Las reacciones que implican la síntesis de moléculas se denominan anabólicas, y catabólicas las que consisten en la fragmentación de moléculas.

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La testosterona es, en esencia, anabólica y entre sus efectos se encuentra el incremento del desarrollo muscular y de la fuerza. Que los hombres sean, por lo general, más grandes y fuertes que las mujeres se debe a que poseen un nivel más alto de testosterona. Además de acciones anabólicas, esa hormona también tiene efectos andrógenos, como el acné, el vello facial y corporal, y el agravamiento de la voz. La testosterona actúa con más intensidad en la pubertad, los años en los que se alcanza la madurez sexual.

Vista la importancia del sistema endocrino en la fisiología humana, ahora centraremos nuestra atención en los medios que utilizan los deportistas para modificar su bioquímica. Debemos aclarar que buena parte de las sustancias y de las prácticas que se describen en la sección siguiente están prohibidas en numerosos países. Y en caso de duda, ya se sabe: abstención.

Además, los estudios médicos no aportan pruebas fehacientes de los riesgos que entrañan para la salud muchos de esos fármacos… por ese motivo, se recomienda a los adolescentes que no los utilicen NUNCA y a los de más edad si lo hacen, sólo bajo supervisión médica.

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